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Can Barceló: una ´olla´ venenosa a la puerta de casa

            (Diario de Mallorca, 19/04/2007)

Los vecinos sellaron sus domicilios y los niños cambiaron de colegio para protegerse de las emanaciones de Can Barceló

MIGUEL MANSO. PALMA.
A finales de los años noventa el aire sabía a veneno agrio en la barriada de ses Cadenes (s´Arenal de Llucmajor).

"Huele a plástico quemado", describía entonces Antonio Benítez. "Por culpa de la nube de humo, y como en verano vivimos con las ventanas abiertas, las paredes de casa se vuelven de color negro. Al caer la noche el olor es insoportable", relataba Juan Vicente López.

El hedor procedía de la cantera cercana de Can Barceló, junto al camino de Can Duran. Para defenderse, los vecinos crearon una plataforma de nombre Salvem y de apellido s´Arenal. Encargaron diversos análisis químicos y farmacéuticos tanto del aire como del agua subterránea. Los resultados encendieron la luz de alarma. En el ambiente detectaron metales pesados: plomo, mercurio y zinc. Pero lo más peligroso, dijeron los afectados, "son las dioxinas y furanos, compuestos altamente tóxicos que provocan cáncer y toda clase de malformaciones en fetos".

Durante años, el hueco de la cantera se rellenó de electrodomésticos, plásticos, muebles, botes de pintura, fluorescentes, colchones, baterías de coches, y cañerías de PVC que se cocían en su interior a fuego lento. Las lluvias de otoño contribuían a la olla podrida.

Sobre la vieja cantera de marés pendía una orden de cierre y regeneración desde 1996, pero la montaña de desechos continuó creciendo. Los vecinos, cansados de la indiferencia de las autoridades, denunciaron al Govern autonómico por omisión de sus responsabilidades. Las protestas precipitaron la actuación de la fiscalía de delitos ecológicos de Balears, que formuló una querella contra los gestores de la empresa Limpiezas Barceló, sociedad propietaria de la antigua pedrera. Los hermanos Montserrate y Pedro Barceló Reus fueron acusados de un delito ecológico por arrojar sustancias contaminantes.

"Una vez finalizadas las actividades extractivas de marés, se inició el depósito indiscriminado de vertidos sin realizar una selección previa. Se arrojaron residuos procedentes de pozos negros, sentinas de barcos y contenedores", indicó el fiscal Adrián Salazar.

Durante el juicio en la Audiencia Provincial de Palma salieron a relucir los testimonios de personas cuyas casas están situadas a 500 metros de la escombrera ilegal. Los testigos afirmaron que durante años sellaban los huecos de las puertas y ventanas de sus domicilios con trapos y toallas húmedas para impedir la entrada de gases originados en el enorme basurero. Los terrenos próximos al foco de las emanaciones servían de lugar de recreo y cultivo de pequeños huertos. Una de las perjudicadas, dueña de la finca Can Alomar, relató el deceso de sus animales de compañía: "Dos perritos que teníamos se han muerto porque bebían agua del pozo contaminado".

Árboles acogotados

Otro vecino, copropietario junto a su hermano de un solar limítrofe, no ahorró en detalles al describir los efectos del vaciado de las aguas fecales procedentes de las sentinas de barcos. "En nuestra casa cambió hasta la naturaleza. Los animales no querían beber agua y los árboles, especialmente los pequeños, ya no crecían como antes".

Escolares de uno de los dos colegios situados en ses Cadenes tuvieron que cambiar de centro a consecuencia de los problemas respiratorios derivados de los gases y fumarolas. El Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) demostró que los vertidos se prolongaron hasta principios del año 2002. Dos años antes, el juzgado de lo penal número uno de Palma ya había condenado a Montserrate Barceló por desobediencia a la autoridad e inobservancia de las citadas órdenes de clausura del recinto.

Cuando los acusados finalmente doblaron la cerviz y cerraron el basurero, lo hicieron a su modo. La Audiencia Provincial les afeó su proceder. "No basta extender una capa de arena sobre los vertidos depositados y plantar vegetación sobre la misma", les recrimino. "Es preciso instalar un sistema de recogidas de aguas pluviales que evite la filtración de los materiales contaminantes por lixiviados, nivelar el terreno hasta situarlo en su cota primitiva e impermeabilizar la superficie", dictó. Pero el mal ya estaba hecho.
El recinto se transformó en una ´mina´ de componentes tóxicos

La consultora contratada por la conselleria de Medio Ambiente en 2001 para determinar la situación del entorno no encontró una pedrera, sino una mina venenosa a cielo abierto. Zinc, hidrocarburos aromáticos polinucleares, aceites minerales y cobre fueron algunos de los componentes hallados. La medición de gases efectuada por la misma consultora reveló que se estaba produciendo metano susceptible de producir explosiones e incendios. En los pozos de agua se verificó la contaminación bacteriológica por heces, zinc, nitratos y compuestos organohalogenados.





		

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